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Los humanos NEO.

Capítulo 1. Las hermanas Roganov.



“El mundo está perdido”; eso era lo que decían los ancianos, aquellos que habían fallado en prevenir la crisis, muchos de ellos tomaron sus vidas al no poder tolerar su fracaso. “¿Qué tan estúpidos podemos ser?” Era la pregunta que se hacían los adultos, pues habían fallado en evitar el desastre y cada día con una nueva onda de desgracia se rendían. No obstante, no he escuchado la voz de los niños pues esta nunca conoció el mundo y no había más un mundo que conocer o humanidad que ofrecerles. Nos hemos vueltos terribles monstruos capaces de matar uno a otro por sobrevivir… en caso de que podamos llamarle a esto vida. Que me perdone el pasado, me consuele el presente y me tenga piedad el futuro si es que no evito que esto suceda.


-Almirante Annie Roganov.


23 de Octubre 2049.

Residencia Roganov, Nueva Ucrania.

9:55 am.


Vaya discurso, perfectamente equilibrado entre la reflexión y la culpa, no era ninguna sorpresa, pues Annie Roganov llevaba años planeando aquellas palabras. ¿Qué pasaría cuando las dijera finalmente? Esa pregunta inundaba su cabeza y le había regalado unas amargas ojeras y una adicción al café. Esa mañana finalmente obtendría su respuesta; aquello que había perseguido durante su vida finalmente estaba a su alcance. Había fracasado en lo mundano, divorciándose del único hombre que alguna vez la amó, perdiendo a muchos amantes en el camino y separándose de sus difuntos padres. Annie lo había perdido todo y hoy se aseguraría de hacerlo no solo simbólico, sino tangible. El sonido de una risa la sacó abruptamente del laberinto sin final que encerraba sus pensamientos. Conocía perfectamente a la portadora de esta y solo por ello se permitía regresar un poco de humanidad a ella.

—Adeleine —habló pacientemente, pero sus ojos denotaban su mal humor—, ¿qué haces?

La puerta se abrió, dejando entrar la luz del sol y junto a esta un hermoso ejemplar de Cane Corso de al menos 60 kg, detrás del perro y sin parar de reír, corría una joven de cabello largo, negro como el espacio, alta, pero no tanto como Annie. En muchos sentidos ambas eran parecidas y diferentes a la vez; compartían esos ojos miel claros, iguales a los de su madre que había sido una hermosa actriz, pero a pesar de que eran los mismos, se podía ver en ellos el reflejo de 2 vidas totalmente diferentes. Annie llevaba una mirada cansada, dejándole saber que no había mucho para ella en aquel mundo, por ello parecía más anciana de lo que realmente era. Adeleine, por otra parte, llevaba siempre una mirada soñadora, lista para que el mundo le ofreciera tanto como pudiese. Ambas compartían el mismo tipo de labios y manos, así como su piel era del mismo tono que el de 10 generaciones de su familia. Los Roganov provenían de una aldea en las montañas de Ucrania. Vivían en una enorme mansión junto al río, herencia de antaño y fruto de la fortuna que habían acumulado. Lo que alguna vez fue una de las familias más fuertes de aquel lugar, ahora se limitaba a las 2 mujeres en aquella habitación. La mayor tenía 47 años y la menor 19, 2 hermanas con mucha diferencia en su pasado y presente.

—Ceasar robó mi listón —le respondió a su hermana aún riendo e intentando atrapar al perro—, sé que solo lo hace para molestarme y porque sabe que es divertido —contestó la menor de las hermanas.

Annie le sonrió amargamente. Amaba a Adeleine, sobre todo, pero sus planes le exigían mantener una considerable distancia entre ambas, misma que llevaba 7 años arrepintiéndose.

—¿Qué edad tienes, Adeleine?

—Ada —le reclamó molesta—, solo mamá podría llamarme Adeleine.

—Ada —corrigió Annie—, ¿qué edad tienes?

La menor sonrió porque sabía a dónde deseaba llegar su hermana.

—Suficiente edad para saber que esto no es mi culpa, Annie —le respondió con seriedad.

—¿Esto?

—Nuestras peleas, 7 años de tu maldita distancia y esa arrogante mirada de desprecio que me das —continuó la menor, decidiendo que había tenido suficiente—. No es mi culpa, mamá murió sabiendo que me odias. He intentado compensar tu falta de cariño. Quizás... quizás si no hubieses sido tan idiota, no hubiera enfermado tan rápido. ¿Sabes con lo que ella tenía que lidiar? Tu maldita vida cayéndose a pedazos por esa idea del fin del mundo. Sí, Annie, el mundo se va a ir a la mierda, pero aún no llegamos a ese punto y ciertamente prefiero enfrentarlo con una hermana que con lo que sea que eres. Mamá no murió por cáncer, murió porque sus estúpidas hijas estaban más ocupadas peleando y gritándose que en ponerle atención. —Las lágrimas empezaron a salir de los ojos de Ada—. Lamento si te ofendo o te parece "sentimental" como sueles burlarte... es solo que —dio una pausa y se giró para ver a su hermana a los ojos—, pase lo que pase hoy, no volveremos a vernos, Annie. Quería hacer las paces, ya no importa eso. No soy yo quien lleva culpa en su corazón.

—¿Pase lo que pase? —Preguntó Annie.

Los ojos de Adeleine estaban totalmente en lágrimas y su corazón destrozado. Lo había dicho, finalmente había dejado salir lo que pensaba y sentía. Estaba lista para avanzar, salvo por un pequeño detalle. La amaba, amaba a Annie, amaba a su hermana o el recuerdo de lo que alguna vez lo fue.

—Ya soy mayor de edad. Hablé con el abogado de la familia, me corresponde la mitad del patrimonio de nuestros padres y ya no es necesario que seas mi tutora. Me marcho, Annie, me niego a vivir un día más bajo este maldito techo, bajo tu estúpido desprecio.

—Sabes dónde está la puerta —respondió fríamente la mayor, luego se puso de pie e ignoró por completo los jadeos y sollozos de su hermana. Era obvio que Ada esperaba una reacción diferente a esa. Abandonó la habitación sin mirar atrás. No era que no le importara, sino que era mejor así... su vida estaba muy lejos de ser adecuada para formar una familia y ella lo sabía, por eso había dejado a su esposo, por eso había perdido a su hija nunca nacida y, ahora, estaba dispuesta a perder a su hermana.

Después de unas cuantas horas, Annie escuchó el ruido de un motor. Sabía perfectamente de quién era ese auto y qué hacía ahí. No abandonó el cuarto en el que estaba y tampoco se molestó en mostrar interés en lo que sabía que estaba pasando.

Por otra parte, Ada estaba lista. Tomó su mochila, dio un último vistazo atrás y decidió salir de su habitación. Solo una pequeña mochila, en ella no llevaba ropa en lo absoluto, sino joyería y otras posesiones de valor sentimental, la mayoría de ellas relacionadas con su madre.

—Buenos días —saludó un hombre entrando a la mansión.

—Tengo prisa, vámonos —le respondió Ada. Al darse cuenta de que había sido grosera, corrigió—. Buenos días, Thomas.

El hombre sonrió por obligación, luego le habló apenado.

—Me encantaría, Srta. Roganov, pero me temo que no estoy aquí por usted. ¿No pensó ni por un segundo que me tardé muy poco tiempo? —No.

El abogado negó con la cabeza.

—La señorita Annie me pidió venir esta mañana, tenemos asuntos pendientes y cuando estos terminen, estaré encantado de llevarla, señorita Roganov —le dijo Thomas.

A Adeleine no le pareció. No estaba dispuesta a esperar más por Annie, ya lo había hecho durante muchos años.

—Los autos, ¿son míos también? —preguntó.

—Sí, aunque no se han repartido los bienes aún, pero la mitad de todo es suya —respondió el abogado.

Adeleine no esperó más, aunque no pudo detener unas lágrimas que llevaban horas intentado salir a la luz. Abrazó al hombre que tenía enfrente, pues durante mucho tiempo él era lo más cercano que había tenido a una familia, incluso iba por ella a la escuela o la acompañaba cuando Annie no podía hacerlo, lo cual era siempre.

—¿Señorita Roganov? —Adeleine, solo por esta vez; Adeleine.

Thomas se apartó de la joven, sacó un pañuelo de su saco y limpió las lágrimas del rostro de Ada.

—Solo tu madre te llamaba así —le respondió—, pero puedo llamarte Ada si me lo permites.

Ada lo abrazó más fuerte. Iba a extrañarlo. Quizás Thomas nunca fuera un verdadero amigo para ella, e incluso su exceso de etiqueta hacían parecer al hombre como si fuera un robot, aun así, Thomas conocía cada detalle de Ada y Annie y también cada detalle de sus padres. Aunque era uno de los mejores abogados del mundo, solo dedicaba su esfuerzo a la casa Roganov desde que el abuelo de Ada financió su carrera y salvó a su hermana del cáncer. Amor y respeto, era lo que Thomas tenía en su corazón para esas 2 chicas.

Los pasos de Annie se escucharon pronto, aunque ella hubiese preferido que Thomas subiera a buscarla, el abogado tardaba demasiado.

—Buenos días, Thomas —saludó Annie viendo la escena—, veo que te despides de Adeleine. Toma tu tiempo y reúnete conmigo en la oficina.

Thomas conocía perfectamente la relación entre las hermanas Roganov, por lo que no mencionó ni una palabra ante el claro desprecio de Annie. Sin embargo, aún generaba tensión el ver tal comportamiento; ni Thomas ni Ada dijeron una palabra por varios segundos, se limitaban a ver el caminar despreocupado de Annie.

—Tan encantadora como siempre —habló finalmente la menor de las Roganov, tomó su maleta y caminó apresuradamente a la cochera.

El abogado recogió su maletín del suelo, limpió un poco su traje y se dirigió a la oficina.

—¿Es oficial entonces? —Preguntó Thomas entrando en la habitación.

Frente a Annie, había una botella del mejor escocés que cualquiera pudiese comprar, misma que llevaba años en la familia y solo se había bebido 2 veces; la primera por la madre de Annie cuando se enteró de su cáncer, la segunda por Ada cuando decidió marcharse de ahí. Annie era una científica, una mujer que había dedicado su vida a la preservación de la especie humana y aunque antes había intentado formar una familia, ahora esa idea no existía en lo absoluto. Le gustaba pensar en ella como un templo en el que la humanidad podía tener un futuro, su cuerpo, alma y mente estaban dedicados completamente a lo que ella creía salvaría el mundo. La botella no tenía la tapa, pero el vaso a lado de esta estaba vacío. ¿Acaso no podía permitirse beber de aquel escocés? Ni siquiera en este día. El abogado se hartó del silencio de Annie, por lo que se sentó rápidamente frente a ella, tomó el vaso se sirvió, posterior a ello, tomó rápidamente el líquido y apartó la botella de la vista.

—Alguien debe tomar por Ada —le dijo con algo de molestia—. Aunque hubiese sido preferible que fuera alguien de su misma sangre.

Annie permanecía callada.

—Acabo de tener un molesto pensamiento —volvió a hablar el abogado—, la botella; solo se bebe cuando un suceso importante ocurre, principalmente aquellos que son difíciles de digerir sin algo de alcohol. Dime, Annie, ¿por qué querrías beber hoy? —Insistió, pero el silencio no estaba dispuesto a abandonar a la mayor de las Roganov—. ¿Acaso era por Ada?

—No seas estúpido además de molesto —respondió seria finalmente—. Ahórrate este sermón, Thomas. Si quisiera terapia hubiera llamado a un terapeuta, no a un abogado.

Sin ofenderse, Thomas asintió y decidió que no tenía por qué entrometerse en los asuntos de Annie, pues ciertamente él solo era un abogado de la familia, aunque su lealtad a los Roganov le exigía hacer algo ante la situación.

—Procedamos entonces —le respondió.

Annie sonrió y abrió un cajón del cual sacó un arma y una elegante pluma que quizás valiera más de lo que la colección de autos en la cochera podría llegar a valer.

—¿Conoces las viejas tradiciones de mi difunto padre? —Preguntó Annie tomando el arma.

—No olvides con quién hablas, Roganov. Si alguno de los dos conoció a tu padre, fui yo.

Annie asintió y apuntando el arma a Thomas prosiguió. Iván Roganov tenía una extraña costumbre al hablar con su abogado o su terapeuta; solía sacar un arma de fuego con una bala calibre .44 y también la misma pluma que había tomado Annie. El trato era simple, si sospechaba que su abogado lo engañaba o su terapeuta estaba dispuesto a traicionarlo, dispararía, de otra forma, solo firmaría un cheque con la pluma.

—Veo que ni siquiera te asustas —le respondió—, debiste estar en esta situación muchas veces.

—Solo al inicio. Tu padre supo rápidamente que mi lealtad a esta familia era invaluable, al igual que tu abuelo. Me temo que no puedo decir lo mismo de ti —respondió Thomas.

—La razón por la cual te apunto es justo lo contrario; sé perfectamente que morirías por mí o por Ada. Más aún, sé que estabas enamorado de mí en la universidad, que nunca desposaste a una mujer porque en tu mente alguna vez tú y yo terminaríamos juntos —las palabras de Annie habían sido frías, cualquiera se hubiera congelado al escucharlas, pero Thomas tenía experiencia con palabras hirientes o sorpresivas.

—Es cierto, aunque ve en mis ojos, Annie. ¿Ves aún amor?

—No, solo lastima—dijo Thomas asintiendo.

—Ya que estamos en confesiones —continuó el abogado—, quiero que sepas que te encargaste de alejar a las 2 mujeres que más he amado en la vida y lo hiciste sin siquiera detenerte a pensar en ello. Todo lo que alguna vez amé de ti, aquello que deseaba tener junto a mí, lo destruiste, Annie. Por ello puedo perdonarte, pero no te perdonaré que hayas destruido la felicidad de Ada, ella es como una hija para mí. He visto desde primera fila cómo tu desprecio la ha llevado a lugares que jamás habría imaginado.

Cuando Thomas terminó, Annie tiró del martillo del revólver, mostrándole que estaba lista para disparar.

—Escúchame bien, Thomas —le dijo, atravesándolo con la mirada—. Piensa muy bien cuál será tu respuesta y debes saber que en caso de que no sea la que quiero escuchar, dispararé.

—Adelante.

—Tu lealtad es a la familia Roganov, eso me queda claro. Lo que me resulta difícil es entender ¿a cuál Roganov eres más leal?

Cuando Annie terminó la pregunta, recargó el revólver en la frente de Thomas. La tensión podía cortarse en el aire y extrañamente, como en un beso, sus latidos se habían sincronizado, haciendo de aquel momento eterno.

—Adeleine Olena Roganov —respondió con toda seguridad.

Annie tiró del gatillo del arma, un pequeño "clic" se escuchó, mismo que hizo que Thomas se asustara.

—He aquí un secreto de la familia Roganov. No hay mejor arma que el miedo, Thomas. Este revólver siempre ha estado vacío, mi familia lo modificó y adornó para dar la ilusión de que estaba cargado —le respondió Annie bajando el arma y sonriéndole—. Como dije no era la respuesta que quería escuchar, pero es la correcta.

Thomas permaneció sin moverse del asiento, víctima del miedo.

—No deberías jugar con las personas, maldición, Annie —respondió—. Procedamos con el asunto para que pueda largarme de aquí cuanto antes y…

—Y espiar a Ada —completó Annie.

Thomas asintió.

—A diferencia de ti, ella me importa —le dijo con una mirada de odio.

—¿Crees que no me importa?

—¿Lo hace?

—Por supuesto —le respondió tomando por sorpresa a Thomas—. Pon atención; mi vida no me pertenece en lo absoluto, le pertenece a la humanidad y es una decisión que tomé en fe de aquellos que amo. ¿Crees que no me encantaría ser la hermana que Ada merece? ¿La mujer que ha estado enamorada de ti desde los 14? Ciertamente destruí la hermana que Ada amaba y la mujer de la que tú estabas enamorado… pero jamás destruí el amor que siento por alguien. Thomas, mírame —pidió al ver que al abogado le costaba mantener la mirada—. Me marcharé, lejos de aquí y de cualquier posibilidad de regresar a este lugar. ¿Acaso crees que podría hacerlo si supiera que soy correspondida de alguna forma? ¿Sabiendo que mi hermana me ama o que tú también lo haces? No. Destruí a la mujer que era antes porque ella jamás abandonaría la tierra, pero la mujer que soy hoy, sí que lo hará. Como mi abogado, quiero pedirte dos últimos favores.

—Escucho —respondió aún sin poder creer lo que estaba escuchando.

—El primero será el más sencillo. Cuida a Annie, dices que es casi una hija para ti, pues que así lo sea, no dejes que este mundo la destruya y yo me encargaré de que ambos tengan un mundo en el cual vivir —pidió Annie sacando un anillo de oro e incrustaciones de rubíes y diamantes.

—¿El anillo del general Roganov?

—Así es, el general Roganov debe proteger, vigilar y cuidar a los miembros de esta familia; la última vez que alguien lo usó fue en la revolución rusa, desde entonces no hemos tenido la necesidad de portarlo —le contestó poniendo el anillo en sus manos.

—Solo un Roganov puede portarlo, Annie.

—Lo sé. Ese es el segundo favor, Thomas —con una increíble falta de emociones, Annie tomó unos papeles del mismo cajón del cual había salido el arma y la pluma y se los entregó a Thomas—. Sé muy bien el testamento oculto de mi madre, Thomas. Te dejó suficiente dinero para poder vivir gratamente el resto de tu vida, sin embargo, durante años toleraste mis maltratos y la inmadurez de Ada, sea amor, lealtad o ambos, no necesitas más este trabajo, estás aquí por gusto. Eres la única persona en la que confiaría el futuro de la casa Roganov y el futuro de Annie. Simbólicamente has aceptado cuidar de ambas, pero ahora quiero que sea legal. Despósame.

—¿Annie?

—Me has escuchado bien, mis bienes, mi fortuna y mi autoridad en esta familia serán tuyos —le respondió segura—, mejor contigo que con los idiotas del gobierno o los buitres del banco.

Thomas permanecía callado y esta vez una lágrima de coraje salió de sus ojos.

—Hace muchos años hubiera aceptado sin pensarlo, pero ahora, solo me enoja que este matrimonio solo es porque quieres usarme nuevamente como una marioneta para tus medios.

—No, Thomas, significa que aún te amo y quiero que al menos conserves algo de la mujer que alguna vez amaste, aunque sea solo el apellido y las responsabilidades. Acepta, por favor, junto a mi mano, mi más sincera disculpa y mi increíble pasión por ti que después de tantos años, sigue viva —Annie tomó las manos de Thomas y puso el anillo en el dedo adecuado, posteriormente acercó sus labios cerca de los del abogado, haciendo que este respirara agitadamente—. Solo esta vez; puedo ser la mujer que quieres que sea.

Besó a Thomas. Al principio era un beso torpe, mismo que el hombre no correspondía, pero conforme algunas lágrimas corrían por el rostro de Annie, Thomas entendió que la mujer que amó seguía ahí y ahora más que nunca estaba en la habitación y buscando sus labios. Finalmente accedió, dejó de oponer resistencia e intentó recordar cada segundo de aquel contacto. Annie, por su parte, estaba dispuesta a ser la mujer que Thomas amaba, la misma que podía hablar sinceramente de su amor por Ada y su triste descenso en favor de la humanidad. Solo esta última vez se permitiría vivir para ella y de una vez por todas, estar con el hombre que había amado desde que su abuelo los presentó.

Horas después y con la oficina hecha un desastre, Annie estaba dispuesta a por fin levantarse, no le importaba el frío en su cuerpo desnudo o la mirada del hombre frente a ella, pues nuevamente estaba dispuesta a vestir la indiferencia que tantos años llevaba, por su parte, Thomas solo admiraba la belleza de Annie, preguntándose si ahora podría dejarla ir.

—Ponte de pie —pidió Annie—. Conoces perfectamente la casa, así que sabes dónde está la ducha, arréglate y reúnete conmigo aquí nuevamente. Pongamos fin a esto cuanto antes, Thomas Roganov.

—De acuerdo —respondió él.

Annie se dirigió a su habitación, ahora estaba retrasada, de mucho mejor humor, pero demasiado retrasada. Ciertamente nunca fue su intención lo que había sucedido, pero si no era en esa oficina, jamás hubiese pasado. Abrió el caudal de la enorme bañera y se recostó en ella, metiendo la cabeza bajo el agua y aguantando la respiración tanto como podía, aprovechaba los jadeos que su cuerpo daba para olvidar todo lo que había pasado esa tarde.

Aproximadamente 40 minutos después, Annie regresó a la oficina donde Thomas estaba sentado en su silla.

—Muévete —le dijo molesta.

—Me temo que esta es la silla del jefe de la familia Roganov, esposa mía —le contestó Thomas igual de molesto.

—Bien, ¿está todo en orden? —preguntó y él asintió—. Entonces pongámosle fin.

Annie firmó el papel y con ello sellaba su matrimonio con el hombre frente a ella. Al terminar, dejó cuidadosamente la pluma sobre la mesa y sin decir palabra alguna, dio media vuelta y se fue.




23 de octubre de 2049.

Cuartel general del Comando Universal de Defensa e Investigación Espacial, Nueva Ucrania.

10:16 p. m.


El cuartel general del C.U.D.I.E era un hermoso edificio en el centro de Ucrania. Había al menos 86 países participantes en este, donde los más importantes eran: La Alianza de Defensa de América del Norte (Canadá, EE. UU. y México), La nueva Unión Europea (Alemania, Bélgica, Croacia, España, Francia, Irlanda, Letonia, Luxemburgo, Países Bajos, Suecia, Bulgaria, Eslovaquia, Estonia, Grecia, Malta, Polonia, República Checa, Austria, Chipre, Eslovenia, Finlandia, Hungría, Lituania, Portugal y Rumania), Los Nuevos Estados Comunistas del Este (Rusia, China y Tailandia), la Partida de naciones africanas (Egipto, Argelia, Camerún, Ghana, Kenia, Sudáfrica, Marruecos, Madagascar y Túnez) y la Unión de Naciones Polares (Groenlandia, Nación Ártica, Nación Antártida del Este, Nación Antártida del Oeste). Tras la gran inundación, las grandes erupciones y los fuertes terremotos del periodo final (como se le llamaba ya que se creía era el fin del mundo), muchos conflictos de la humanidad habían quedado en el pasado, aunque no todos se habían solucionado, sí que habían mejorado diplomáticamente como el nuevo tratado de paz de las Coreas que, aunque no ponían una nación unificada, sí que abrían sus fronteras para la supervivencia de sus habitantes. La mayoría de las guerras habían cesado, pues el único enemigo del hombre ahora era el hambre o la posibilidad de un nuevo periodo de desastres naturales. Finalmente, el cambio climático lo había logrado, ahora era una amenaza que hasta los ciegos podían ver, los sordos podían oír y los ignorantes podían comprender. Algunas naciones habían quedado destruidas, tal como Dinamarca e Italia que se habían hundido como consecuencia de los terremotos e inundaciones, otras, como Hawái o Finlandia, habían sido enterradas por un volcán.

Annie había advertido que ese no era el fin de los desastres y que la humanidad no estaba lista para sobrevivir, aunque la sobrepoblación humana debió cesar por unos años, nuevamente era un problema. Había nubes radioactivas en los polos, mismas que la Unión de Naciones Polares vigilaban constantemente, aunque no iba a moverse de ahí por muchos años, equipos de especialistas con los cuales Annie había trabajado estaban convencidos de la teoría de la despoblación. Principalmente Ihaim Brown, un genio norteamericano que había explicado los peligros de las nubes radioactivas de los polos, aun cuando estas estuvieran "controladas", el exceso de exposición tarde o temprano afectaría al hombre, no por la radiación, sino por las medidas de precaución. Ihaim creía que dentro de unos años los humanos serían incapaces de reproducirse, pues los químicos en los alimentos o en el aire les quitarían esa capacidad; la única forma de sobrevivir era encontrar una forma de eliminar la radiación de los alimentos y el agua sin que esta afectara la salud. Obviamente nadie le creyó, por lo que decidió tomar el asunto en sus manos.

Ahí estaba él, Ihaim, presentando su propuesta ante el C.U.D.I.E. Si no estaban dispuestos a encontrar una solución a la radiación, quizás él podía solucionar que la radiación no afectara al hombre y más que eso, prevenir el problema de reproducción que estimaba.

—Sé que no hay indicios claros aún de este problema de reproducción —explicaba en el escenario Ihaim—, pero los tendremos y si esperamos a verlos será demasiado tarde. Amigos de la comunidad científica, vengo ante ustedes presentado mi orgullosa investigación ante todos ustedes. Las nubes radioactivas de los polos son imposibles de eliminar, aunque por ahora sean controlables, en algún momento dejarán de serlo y los químicos que nos dejan sobrevivir terminarán matándonos. Debemos evolucionar —dijo haciendo énfasis en su última palabra, posterior a ello, oprimió un botón y del escenario subió una plataforma que llevaba un hombre de 1.80 metros de altura, 90 kg, de musculatura perfecta y con un parecido enorme al Dr. Ihaim—. Frente a ustedes, la esperanza de la humanidad: Humanos Neo.

El silencio se apoderó del lugar, luego murmullos de todas partes hasta que por fin los gritos de molestia se hicieron presentes.

—¡Arréstenlo! —exigió el sumo mariscal del C.U.D.I.E— y maten a esa maldita cosa.

De inmediato los miembros del personal de seguridad abrieron fuego en contra del Humano Neo, que mientras se desangraba y caía al suelo, no paraba de decir:

—Hola, me llamo Jonathan. Un gusto conocer a la humanidad.

La falta de sensación o emociones era aparente en "Jonathan". ¿Qué pensaba el Dr. Ihaim al hacer esa amenaza? La ofensa había sido tal que incluso había quienes exigían la cabeza del Dr. Sin embargo, había otros que lo defendían, entre ellos: Annie.

El escenario se quedó vacío por unos momentos, mientras la sangre y el cuerpo de "Jonathan" permanecían ahí. Annie había advertido a Ihaim de las posibles consecuencias que sus humanos Neo podrían tener y agradecía que nadie hubiese tomado fuerza y disparado a su amigo. Los Humanos Neo eran una increíble fuerza de trabajo, creados y diseñados perfectamente desde la base genética del humano normal, hasta el perfeccionamiento de los mecanismos de supervivencia y la resistencia a la radiación, enfermedades o virus. "Jonathan" hubiese sido un perfecto esclavo para la humanidad. Misma palabra por la cual ella no terminaba de aceptar esa idea, pues la esclavitud no era para ninguna especie, incluso aquellas creadas por el hombre.

—Atención —terminó el silencio Annie—. Quiero la atención de todos.

—Adelante, Sra. Roganov —habló el presidente de Canadá, Mark Trembley.

Annie asintió y apagó la gran pantalla del escenario, pues no la necesitaba.

—Necesitamos salvar la Tierra —mencionó, palabras a las que todos asintieron—. Eso es lo que les gustaría oír, ¿verdad? —Dio una pausa para ver los rostros de miedo en las personas más importantes de ahí—. La Tierra ha sufrido una de las pestes más peligrosas de la historia: nosotros. Durante miles de años nos hemos dedicado a destruir nuestro maravilloso hogar y finalmente lo logramos. La Tierra está dañada. Podemos culpar a la Alianza de Defensa de América del Norte o a los Estados Comunistas del Este por las bombas nucleares usadas tan estúpidamente antes del periodo del fin, pero ¿en qué nos ayuda? No importa quién causó esto, porque la respuesta es que todos somos culpables. Las nubes radiactivas en los polos están ahí debido a la presencia de metales pesados en estas, los cuales están siendo atraídos al hielo y distribuidos en el agua dulce que necesitamos para sobrevivir. ¿Quieren salvar el mundo? Les diré que no, ya no es posible; tarde o temprano los metales pesados no serán suficientes para atraer las nubes radiactivas, las cuales destruirán la atmósfera y, si eso no ocurre, la falta de agua dulce hará que de igual forma todo se acabe. Es el momento de unirnos, el C.U.D.I.E hubiese sido imposible de soñar hace 40 años, pero ahora es una realidad. Ante la amenaza, logramos que las diferencias entre nuestras naciones quedaran a un lado y nos concentramos en la supervivencia. Nuevamente debemos hacerlo, dejar atrás nuestro egoísta deseo de sobrevivir y pensar en la supervivencia de nuestra especie.

—Srta. Roganov.

—Sra. Roganov —corrigió Annie.

Aquella corrección sorprendió a algunos, Thomas, que estaba en la reunión, no pudo evitar sonreír.

—Sra. Roganov —empezó Carole de Toulouse—. Hemos dedicado todo nuestro esfuerzo, dinero y las mejores mentes en tratar de superar la crisis global de alimentos. Sencillamente, las armas nucleares destruyeron el mundo como lo conocíamos; ¿qué puede hacer ustedes que los demás ya no hayan intentado?

—Han desperdiciado 10 años buscando soluciones en un mundo que ciertamente ya fue destruido —respondió Annie—. Nos cuesta verlo o no, los alimentos han mutado para asesinarnos, ya fuera por envenenamiento o por los daños al sistema reproductor de las mujeres. Presidenta Carole, basta ya de buscar una solución en este mundo tan podrido. Las sondas Hypernova I y Cazador III han detectado al menos 4 planetas con ecosistemas muy similares a la Tierra, el mejor de ellos en un 78% —Annie dejó de dirigirse a Carole y empezó a hablarle a todos los presentes—. Con los avances del C.U.D.I.E. en cuanto a energía y combustible alternos, podríamos investigar los 4 mundos en menos de 5 años y regresar a la Tierra con la salvación en otros 3.

—Si es que existe dicha salvación —interrumpió el presidente de México, Joel Lopéz—. Sra. Roganov, nos pide destinar tan valiosos recursos a una teoría suya, ¿qué espera hacer? Aún cuando encuentre un mejor hogar, ¿cómo planea evacuar a la población general?

—Nova Terra 4 —respondió Annie—, es nuestro principal objetivo. Y no le pido recursos economicos. Como saben, mi familia es quizás la más rica entre todas, incluso nuestra fortuna supera el valor de Francia; La familia Roganov destinará la mitad de su fortuna en el desarolla de las misiones "Hypernova I", "Cazador III", "Lunares I" y "Nautilus VI". Solo necesito el personal adecuado para las misiones y los espacios de trabajo. Pienso pagar por todo ello.

—Nadie pone en duda la riqueza de la familia Roganov—Respondió Joel de México—, pero no puede fingir que su petición va más allá del dinero. Annie, aunque me gustaría venderte las aleaciones de la alianza de America del Norte, no puedo, de hecho nadie puede. El tratado para la no despoblación de la tierra, firmado por tu padre y los padres de casi todos los presentes, prohíbe destinar recursos tan valiosos a la exploración espacial. ¿por qué gastar millones en investigar allá afuera?

—Sr. Presidente, asi como los metales son limitados en la tierra, también lo son las opciones. En el espacio es todo lo contrario, tanto los metales como las opciones son infinitas—Dio un resoplido y encendió la gran pantalla—. Sé que los recursos de la tierra son limitados y que el uso de las superaleciones y el combustible de cohetes esta más que restringido para la exploración espacial, por ello propongo que dichos recursos se usen para establecer una fabrica de cohetes allá afuera, en el asteroide 1308b. el tratado prohibe usar los recursos de la tierra para la exploración espacial, no para la colonización. Les pido las aleaciones de Titanio y acero al carbono de la alianza de America del Norte, así como los combustibles de la Nueva Unión Europea para construir un colonizador espacial. Los restos de la NASA nos mostrarón este prototipo y sé que las mentes más brillantes de este recinto han desarollado a fondo la investigación, con el colonizador crearemos una colonia minera y cosntructora de cruceros espaciales usando los metales del asteroide 1308b.

—Veo que lo has planeado muy bien, Annie—Habló el sumo Mariscal del C.U.D.I.E. Es dificil negarte dichos metales cuando los avances científicos apuntan a que la humanidad morirá de hambre en 120 años.

—Esta equivocado—Interrumpió Annie—, la comida se agotará en 120 años, pero los humanos moriremos en 70 o 75 años. Miembros del C.U.D.I.E. Hay que enfrentarlo, no ha nacido un solo bebé este año, aunque nos negemos a aceptarlo...ya no somos fertiles. ¿Qué importará el tener alimento si nos envenena? El hambre no nos matará, el tiempo si. Les pido a todos: No desperdicien más tiempo.

—Estoy de acuerdo—Interrumpió una voz entre la multitud.

—¿Disculpa?—Preguntó Annie al no poder reconocer al portador de dicha voz.

—Mayor Deshner, Paises bajos. Soy el comandante de la fuerza espacial de Holanda dentro de la Nueva Unión Europea.

—¿Un mayor en un puesto tan alto?—Pregunto Annie.

—Quedan pocos ingenieros aeroespaciales con experiencia en combate, Sra. Roganov—Respondió sin ofenderse—. Mi esposa y yo hemos intentado tener una hija los últimos 10 años y no lo hemos logrado, mi hermana tampoco ha conseguido concevir aún cuando cambió de esposo 3 veces en ese tiempo. Creo en la Sra. Roganov. La tierra nos esta matando y se encargará de hacerlo por donde más nos duele; nuestros hijos. Propongo una moción para aprobar las misiones de la Sra. Roganov.

—Usted no tiene esa autoridad, mayor—Reprendió el sumo mariscal del C.U.D.E.I.

—Se equivoca, no puedo hacer una moción política, pero si una militar.

Tan pronto las palabras salieron de la boca del mayor, los presidentes, reyes y ministros del C.U.D.E.I. sintieron un fuerte terror. Una moción militar proponia un golpe de estado, hecho en el C.U.D.E.I sería un golpe de estado en el que los ejercitos tomarían el control.

—Me niego—Respondió Carole—. No es necesario que el mayor llegue a esas instancias. Propongo una moción política para aprobar las misiones de la Sra. Roganov.

El mayor Dreshner sonrió. Pues sabía perfectamente lo que una moción militar haría y también que el C.U.D.E.I. haría lo posible para evitarlo.


El silencio se hizo presente por unos segundos, despues los murmullos de todos los líderes mundiales se hicieron presentes, hasta que finalmente, despues de varios minutos, la moción terminó.


—La Alianza de Defensa de América del Norte aprueba la moción con una unanimidad de 3 votos a favor—Informó el presidente de los Estados Unidos de América, Josh Krutner.

—La nueva unión Europea aprueba la moción con decisiones divididas con 20 votos a favor y 5 en contra—Informó Carole.

—La Partida de Naciones Africanas se declara en contra con decisiones divididas de 1 voto a favor y 8 en contra—Informó el presindete de Egipto, Ahmed Al Halil.

—La Unión de Naciones Polares se declara a favor, con decisiones divididas de 3 votos a favor y 1 en contra—Informó la presidenta de Groenlandia, Ishka Mennek.


De momento Annie tenía lo que deseaba, las votaciones estaban 3 a 1 a su favor, sin embargo, solo incluía a las alianzas, no a las naciones independientes las cuales eran 45. Solo se podía ignorar el voto de estas si las alianzas ganaban por unanimidad, lo cual no era aun posible.


—Las naciones independientes se declaran en contra con decisiones dividas de 20 votos a favor y 25 en contra—Informó el Primer Minstro de Corea, Song lee Si.


Annie sonrió, pues a pesar de que la naciones independientes se declarban en contr, al no exisitir unanimidad en las alianzas, los votos se contarían individualmente. cada uno de los 86 países del C.U.D.E.I. contaría como igual.


—La moción es aprobada con 47 votos a favor y 39 en contra—Informó el sumo mariscal—. Felicitaciones Sra. Roganov, tendrá sus misiones.


Annie no paraba de sonreir, para ella era un sueño hecho realidad; todo el dolor que había sufrido y causado en estos últimos años, finalmente rendía frutos. Ahora podía salvar a la humanidad. Uno a uno vió los rostros de los líderes mundiales, muchos de ellos aplaudían, otros estaban molestos. Cuando terminó de aceptar que lo había logrado, la imagen de Ada recorrió su mente. La amaba más que a nada en el mundo y a pesar de que siempre lo supo, ahora enfrentaba el hecho de que no la volvería a ver, ya fuera en la tierra o en otro mundo. Con unas ligeras lagrimas asomandose entre sus ojos, prosiguió:


—Les prometo salvar a la humanidad—Respondió—. Mayor Dreshner.

—¿Si?

—Su intención de una moción militar no pasará desapercibida por sus generales o presidente. Frente al C.U.D.E.I. le ofrezco la repatriación y el mando de coronel para servirme como comandante militar—Le dijo Annie.

—No soy un traidor a la patria—Respondió.

—No lo fue, pero propusó una moción militar. Ningun general permitiría que un subordinado ande libremente luego de hablar de esa forma. No le pido traicionar a los Países Bajos, usted ya no es un miembro de esa nación. ¿Me equivoco?—Le preguntó al presidente de los Países Bajos.

—Lo consideramos un desertor y un exiliado—Respondió con severidad el presidente.

—¿Ve? Esta en territorio neutral, dentro del C.U.D.E.I. responde a la autoridad del sumo mariscal, fuera de este edificio, responde a su antigua nación y, como puede ver, será penado seriamente. Piense muy bien con que nacionalidad quiere salir de este edificio.

—Acepto—Respondió el ahora coronel Dreshner.

—Ahora, largo—Le dijo Annie, El general Thomas Roganov te dará instrucciones pronto.


Todos miraron como el coronel Dreshner abandonó el C.U.D.E.I. con una mirada baja y su mano en su arma. De no ser por Annie, hubiera sido asesinado o arrestado al poner un pie fuera del edificio, pero bajo la repatriación, si los Países Bajos agredían a un Cornel de la familia Roganov, tendrían entonces un problema con la familia Roganov y al mismo tiempo con la Nueva Ucrania, que aunque no llevaba el apellido de Annie, todos sabían el cargo que el general Roganov ostentaba en la nación.


—Si no hay otro comentario—Continuó Annie—, no tengo un segundo más para desperdiciarlo aquí y no en mis misiones.


Annie esperó una respuesta por 8 segundos, cuandoe esta no llegó, dió media vuelta y se marcho. Su nuevo destino estaba en Florida, con las lanzaderas espacilaes americanas y el trayecto sería agitado pues debía enviar respectivas peticiones de personal y recursos a todas la naciones correspondientes. Las misiones Roganov habían empezado.








 
 
 

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